Memorias del subsuelo fue publicada por primera vez en 1864, en un momento en el que Rusia estaba experimentando cambios significativos en su estructura social y productiva con reflejo en el impulso de acciones políticas. La abolición de la servidumbre en 1861 había llevado a un aumento en la urbanización, lo que a su vez llevó a una mayor conciencia social y política por la posibilidad material de reunión y agitación. Es mucho más que una novela: es un tratado filosófico y político, un ataque directo a la intelectualidad de la Rusia decimonónica, y a la vez un reclamo por el lugar que tiene en la existencia la irracionalidad.
La novela que traemos a consideración por vía de la transcripción de su capítulo siete , por considerarlo medular a todo su desarrollo, se inscribe en el Realismo literario, que se caracterizó por su representación detallada y precisa de la vida cotidiana y la sociedad. Dostoevsky, sin embargo, llevó esa característica hacia un nivel más profundo, explorando la psicología y la mente humana de una manera que no se había visto antes.
La obra es también una reacción razonada del autor frente a las ideas del Positivismo, que sostenía que la razón y la ciencia eran las únicas formas de entender el mundo y resolver los problemas socialesargumentando y desarrollando desde el texto de ficción , que la mente humana era mucho más compleja y misteriosa de lo que el cientificismo podía explicar, y que la verdadera comprensión de la sociedad y la humanidad requería de una exploración más profunda de la psiquie del sujeto y la influencia que sobre esta marca el contexto social .
Dostoevsky creó una obra que sigue siendo relevante. Se vale de un hombre atrincherado en un subsuelo sórdido donde el autor construye un personaje complejo y contradictorio que se describe a sí mismo como un ser enfermo, solitario y resentido, dándonos desde sus dichos una visión negativa de la existencia ,que a la vez pone en cuestión la sociedad en la que transcurre.
El personaje es un ser atormentado por sus propias contradicciones y por su incapacidad para actuar de forma coherente, en donde el lector puede ubicar con facilidad al Erdorsain de Roberto Arlt en su novela “Los Siete Locos”, que comparte básicamente esa idea de atracción y pasión por la libertad, pero en el mismo momento paralizado por la duda . De eso se sigue, la descripción pormenorizada de un comportamiento errático y la tendencia significativa de actuar de forma autodestructiva.
El subsuelo no solo denota una representación gráfica de la ubicación del todo social frente a la condición humana, sino que transfiere la situación de un ser solitario y aislado, encarnada en el narrador. Se siente separado del resto de la sociedad y se ve a sí mismo como un marginado. Esta sensación de aislamiento y de falta de conexión con los demás lo lleva a buscar la atención y el reconocimiento de los demás de forma desesperada, pero al mismo tiempo, lo hace sentirse aún más solo y desesperado.
Dostoyevski, acude en el capítulo que transcribimos en esta entrega, a una ubicación referencial del hombre en su tiempo, que se proyecta en nuestro tiempo, tal vez por ser aquel y el que nos toca vivir el espacio de ordenes sociales que crujen por las propias crisis de sus estructuras relacionales en la producción social de la existencia. Nos habla entonces desde la ubicación gravitante en el fenómeno que quiere reflejar del problema de la conciencia e introduce en ella de manera arbitraria y sin mayores precisiones probatorias, la noción específica que la conciencia puede encarnarse en los seres humanos de dos maneras diversas pero no antagónicas sino complementarias, en tanto no se puede hablar de una de ellas sin referirse a la otra sea por su afirmación como a su negación.
En primer lugar, es relevante que el autor caracterice al plano de construcción subjetiva del individuo como la sede de una enfermedad, en la medida en que el individuo cuando más asciende en su comprensión consciente del mundo en el que se desenvuelve por fuera de los factores físicos o de naturaleza , ingresa en un proceso de perturbación de su salud que corrompe sus posibilidades de existencia en cierta normalidad que le viene impuesta. Dice así, que cuanto más asciende el grado de conciencia a un grado extraordinario, menor es su posibilidad de admirar lo bello y lo sublime y más se configura su aislamiento en la negatividad hacia el entorno.
Dentro de lo ordinario, lo cotidiano , las mayorías utilizan desde el plano de su conciencia no desarrollada una herramienta existencial que se deposita en los seres humanos proclives a la acción , y la espontaneidad en la que paradójicamente sus miserias y sus dificultades suelen llegar a ser consideradas virtudes desde la exaltación de la capacidad de soportar esos estadios . Es allí donde sentencia que en ese contexto no hay manera de que se pueda cambiar porque aún si setiene el tiempo y la fe necesarios, la libertad del hombre que asciende en el plano de su conciencia en un pasaje de conciencia ordinaria a extraordinaria, le impone el mandato inverso de no desear convertirse en otro hombre.
En definitiva, el hombre del subsuelo es un personaje complejo y fascinante que nos lleva a explorar las profundidades de la mente humana. Su lucha interna, su soledad y su visión pesimista de la vida nos invitan a reflexionar sobre nuestra propia existencia y sobre el papel que jugamos en la sociedad, y entendemos que el capítulo siete de estas memorias , es el que más se ajusta a esta apretada síntesis y da más razones para su lectura y reflexiones posibles que sin duda son mayores de los trazos sintéticos que hemos intentado.
La alienación del protagonista es el resultado de su propia elección. Se siente superior a los demás y se niega a conformarse con las normas sociales. En lugar de buscar la aceptación de los demás, se aferra a su propia individualidad y se aleja de la sociedad. Sin embargo, esta elección lo lleva a una soledad aún más profunda, ya que se siente incomprendido y aislado del mundo que lo rodea.
A medida que la novela avanza, el protagonista se da cuenta de que su aislamiento es autoimpuesto y que su soledad es el resultado de su propia elección. Aunque al principio se siente justificado en su rechazo a la sociedad, finalmente se da cuenta de que su alienación es una carga que lo está destruyendo. A través de su dolor y sufrimiento, el protagonista aprende la importancia de la conexión humana y la necesidad de aceptar la ayuda de los demás.
En última instancia, Memorias del subsuelo es una exploración profunda de la mente humana y de la lucha por encontrar un lugar en el mundo. A través de su protagonista solitario y alienado, Dostoevsky nos muestra la importancia de la conexión humana y la necesidad de aceptar la existencia del otro, de los demás.
Sin embargo, esa perspectiva construida desde el plano individual, no excluye la crítica social, y es ahí donde también es posible hacer el enlace de esta novela con el universo artliano que tanto ha gravitado en nuestra lengua y en nuestra propia construcción literaria.
Por este otro aspecto del relato , es que es posible ver en el subsuelo la representación de la parte más oscura y reprimida de la mente humana, pero también una metáfora de la marginación y la exclusión social. El narrador se siente alienado y despreciado por la sociedad, y su resentimiento se convierte en una crítica mordaz y despiadada de la hipocresía y la superficialidad de sus contemporáneos. Dostoevsky denuncia la falta de autenticidad y la falta de valores en una sociedad que se rige por el dinero y el poder, y que ha perdido el sentido de la humanidad y la compasión.
En esta relación con el otro que aparece finalmente como imperativo , Dostoevsky explora la complejidad de las emociones humanas y la dificultad de establecer una conexión auténtica con otra persona y es por eso que fuerza una relación de apariencia amorosa no convencional que no hace más que destacar los impedimentos objetivos para un vínculo de ese tenor según los trazos de lo que llama la conciencia normal.
En el mismo plano juega el enjuiciamiento que Dostoyevski realiza sobre la tendencia a una exacerbación de la razón que al parecer puede dar explicación de todo , desde la misma premisa según la cual todo lo real es racional y todo lo racional es real y su implicancia concreta en la visión de un mundo pensado en un orden y sistema lógico conceptual desarrollado por la mente humana con el cual se puede entender todo fenómeno , aceptando que las ideas verdaderas de la razón terminan por manifestarse en la realidad.
El resentimiento y la constante contradicción del personaje entre lo deseado y lo que debe ser conforme a la conciencia normal representan, desde la novela una crítica a toda producción intelectual inspirada en esta tradición, el rechazo visceral a la racionalidad utilitaria del siglo XIX, y un grito frente a los intentos mecanicistas de encuadrar al ser humano
Aunque no analizó línea por línea Memorias del subsuelo, el concepto de “hombre del subsuelo” encaja en la crítica de Trotsky , como la manifestación extrema del callejón sin salida del individualismo burgués. En ese sentido se ocupa de decir , cotejándolo con Tolstoi que “…. En una de sus novelas, el urbano Dostoievski, ese genio de corazón incurablemente herido, el poeta voluptuoso de la crueldad y de la piedad, se opone a sí mismo de forma muy profunda y muy sorprendente” y con ello lo reconoció como un profundo y doloroso explorador de las contradicciones humanas, capaz de diseccionar el alma atormentada del individuo alienado en la sociedad capitalista rusa. Es en Dostoyevski donde uno de los gestores de la revolución del soviet desde el partido bolchevique advierte materializada su apreción con respecto al arte y sus ejecutores, donde señala que un escritor puede ser políticamente reaccionario pero artísticamente revolucionario.
Utilizando esa premisa es que además, destacó que a su juicio , el sujeto del relato novelesco puesto en el subsuelo” no representa la psicología universal del hombre, sino la psicología del intelectual de origen no noble, pequeño burgués o funcionario de clase baja en un momento determinado de la historia de lucha de clases en la Rusia Zarista.
Visto desde esa perspectiva, Trotsky se ocupa de agregar que, es la impotencia social de una clase atrapada entre la opresión del zarismo y el ascenso del capitalismo. Al no poder transformar la realidad mediante la acción colectiva, este sujeto se vuelca hacia el autoanálisis destructivo, la mezquindad y el individualismo feroz.
Según Trotsky, Dostoievski fue un nacionalista eslavófilo, profundamente religioso y enemigo de las ideas socialistas occidentales, no obstante lo cual , al descender a las profundidades de la psique humana —al hacer “espeleología en el alma”— expuso de manera brutal las llagas de la sociedad burguesa y los límites de la moral hipócrita. Aunque el novelista buscaba la redención en la Iglesia ortodoxa rusa, su obra ponía al desnudo una crisis que ninguna religión podía sanar.
Es así que en los capítulos finales de Literatura y revolución, Trotsky polemiza con la idea dostoievskiana de que el sufrimiento y la contradicción destructiva son eternos e inherentes a la condición humana. En sentido inverso , sostiene que la revolución no busca crear una sociedad de autómatas racionales (el “palacio de cristal” que tanto aterrorizaba al Hombre del Subsuelo), sino liberar las fuerzas creadoras de la humanidad. Al eliminar las bases materiales de la opresión, de la miseria y de la humillación social, el “subsuelo” —entendido como ese nido de traumas, neurosis obsesivas y resentimiento social de clase— perderá su caldo de cultivo biológico e histórico.
Por fuera de este planteamiento, lo cierto es que con esta novela, Fiódor Dostoievski no solo anticipó los grandes debates del siglo XX, sino que sirvió de cantera directa para que pensadores como, Jean-Paul Sartre y Albert Camus que desde allí, estructuraran sus propios conceptos sobre la libertad, el absurdo y la condición humana.
Sartre tomo esta novela como una referencia intelectual que le permitiera concluir en torno a que “la existencia precede a la esencia” y que en definitiva “ somos lo que hacemos con lo que hicieron de nosotros”. advirtiendo que en la novela, el protagonista protesta furiosamente contra los positivistas que afirman que la conducta humana se puede calcular mediante logaritmos matemáticos, reduciendo al hombre a una “tecla de piano” o un “tope de cilindro”. Sartre utiliza exactamente este argumento en El existencialismo es un humanismo para sostener que el ser humano no está predeterminado por la ciencia, la biología ni la lógica utilitaria.
Desde su aproximación al relato novelesco, el hombre que habita el Subsuelo demuestra que el ser humano prefiere su propio perjuicio o el caos absoluto antes que verse privado de su libre albedrío. Actuar deliberadamente en contra del propio interés (como cuando el protagonista sabotea sus relaciones por puro despecho) es la prueba ontológica de una libertad radical y angustiante de la que no podemos escapar.
Albert Camus en “”El mito de Sísifo”, Camus analiza el entramado de Dostoievski para edificar su filosofía del absurdo. Repara en que Dostoievski utiliza la metáfora del “Palacio de Cristal” que toma de Chernyshevski, para advertir y poner en crisis la idea gestora de una utopía de armonía técnica, transparente y puramente racional y la puntualiza como el intento humano de imponer un orden lógico e imperturbable a un universo que es intrínsecamente caótico e indiferente.
El Hombre que hace sus memorias del Subsuelo inspira en Camus, sus afirmaciones puestas en letra a través del “hombre rebelde”. Al declarar “dos y dos son cuatro es una insolencia”, el personaje dostoievskiano se rebela contra los muros de la lógica y de las leyes de la naturaleza, aunque su rebelión es estéril, destructiva y confinada a un sótano miserable, dando cuenta de por sí, del divorcio absoluto entre las exigencias del espíritu humano y la realidad matemática del mundo

MEMORIAS DEL SUBSUELO-primera parte CAPITULO VII
Pero todo esto son sueños dorados. Oh, decidme, ¿quién fue el primero en anunciar, quién fue el primero en proclamar, que el hombre sólo hace cosas desagradables porque no conoce sus propios intereses; y que si se iluminara, si se le abrieran los ojos a sus verdaderos intereses normales, el hombre dejaría enseguida de hacer cosas desagradables, se volvería enseguida bueno y noble porque, estando iluminado y comprendiendo su verdadero provecho, vería su propio provecho en el bien y no en otra cosa, y todos sabemos que ningún hombre puede, conscientemente, actuar contra sus verdaderos intereses normales, el hombre dejaría enseguida de hacer cosas desagradables, se volvería enseguida bueno y noble porque, estando iluminado y comprendiendo su verdadero provecho, vería su propio provecho en el bien y no en otra cosa, y todos sabemos que ningún hombre puede, conscientemente, actuar contra sus propios intereses, en consecuencia, por así decirlo, por necesidad, comenzaría a hacer el bien? ¡Oh, el niño! ¡Oh, el niño puro e inocente! ¿Por qué, en primer lugar, cuando en todos estos miles de años ha habido un momento en que el hombre ha actuado sólo por su propio interés? ¿Qué hacer con los millones de hechos que atestiguan que los hombres, conscientemente, es decir, comprendiendo plenamente sus verdaderos intereses, los han dejado en un segundo plano y se han precipitado por otro camino, al encuentro del peligro y de la amenaza, sin que nadie ni nada les haya obligado a ello, sino que, por así decirlo, simplemente les ha disgustado el camino trillado, y se han obstinado, voluntariamente, en emprender otro camino difícil y absurdo, buscándolo casi en la oscuridad? Así que, supongo, esta obstinación y perversidad les resultó más agradable que cualquier ventaja. . . . ¡Ventaja! ¿Qué es una ventaja? ¿Y os encargaréis de definir con perfecta exactitud en qué consiste la ventaja del hombre? Y si resulta que la ventaja del hombre, a veces, no sólo puede, sino que incluso debe, consistir en que desee en ciertos casos lo que es perjudicial para él y no ventajoso. Y si es así, si puede haber tal caso, todo el principio cae en el polvo. ¿Qué piensan ustedes? ¿Hay tales casos? Ríanse ustedes; ríanse, señores, pero respóndanme solamente: ¿se han calculado con perfecta certeza las ventajas del hombre? ¿No hay algunas que no sólo no han sido incluidas, sino que no pueden ser incluidas bajo ninguna clasificación? Verán, ustedes, caballeros, han tomado, hasta donde yo sé, todo su registro de ventajas humanas de los promedios de las cifras estadísticas y de las fórmulas políticoeconómicas. Sus ventajas son la prosperidad, la riqueza, la libertad, la paz, etc., etc. De modo que el hombre que, por ejemplo, se opusiera abiertamente y a sabiendas a toda esa lista sería, según su pensamiento, y de hecho también el mío, por supuesto, un oscurantista o un loco absoluto: ¿no es así? Pero, sabes, esto es lo que sorprende: ¿por qué sucede que todos estos estadísticos, sabios y amantes de la humanidad, cuando hacen el recuento de las ventajas humanas, invariablemente dejan fuera una? Ni siquiera la toman en cuenta en la forma en que debe ser tomada, y todo el cálculo depende de eso. No sería un asunto mayor, simplemente tendrían que tomarla, esta ventaja, y añadirla a la lista. Pero el problema es que esta extraña ventaja no entra en ninguna clasificación y no tiene cabida en ninguna lista. Tengo un amigo, por ejemplo… Caballeros, pero por supuesto que también es su amigo; y de hecho no hay nadie, nadie para quien no sea un amigo. Cuando se prepara para cualquier empresa, este caballero le explica inmediatamente, con elegancia y claridad, cómo debe actuar exactamente de acuerdo con las leyes de la razón y la verdad. Es más, le hablará con emoción y pasión de los verdaderos intereses normales del hombre; con ironía reprenderá a los tontos miopes que no comprenden sus propios intereses, ni el verdadero significado de la virtud; y, al cabo de un cuarto de hora, sin ninguna provocación exterior repentina, sino simplemente por algo que es más fuerte en su interior que todos sus intereses, se irá por otro camino, es decir, actuará en oposición directa a lo que acaba de decir sobre sí mismo, en oposición a las leyes de la razón, en oposición a su propio beneficio, de hecho en oposición a todo. .. Les advierto que mi amigo es una personalidad compuesta y por lo tanto es difícil culparlo como individuo. El hecho es, señores, que parece que realmente debe existir algo que es más querido por casi todos los hombres que sus mayores ventajas, o (para no ser ilógico) hay una ventaja más ventajosa (la misma que se omitió de la que hablamos hace un momento) que es más importante y más ventajosa que todas las demás ventajas, por la cual un hombre si es necesario está dispuesto a actuar en oposición a todas las leyes; es decir, en oposición a la razón, al honor, a la paz, a la prosperidad, en fin, en oposición a todas esas cosas excelentes y útiles, con tal de conseguir esa ventaja fundamental, la más ventajosa, que le es más querida que todas. “Sí, pero es una ventaja de todos modos”, replicará usted. Pero perdonadme, voy a aclarar el punto, y no se trata de un juego de palabras. Lo que importa es que esta ventaja es notable por el hecho mismo de que rompe todas nuestras clasificaciones, y destroza continuamente todos los sistemas construidos por los amantes de la humanidad en beneficio de ésta De hecho, lo trastorna todo. Pero antes de mencionarles esta ventaja, quiero comprometerme personalmente, y por lo tanto declaro audazmente que todos estos bellos sistemas, todas estas teorías para explicar a la humanidad sus verdaderos intereses normales, con el fin de que, esforzándose inevitablemente por perseguir estos intereses, se conviertan a la vez en buenos y nobles, son, en mi opinión, hasta ahora, meros ejercicios lógicos. Sí, ejercicios lógicos. Mantener esta teoría de la regeneración de la humanidad por medio de la persecución de sus propios intereses es, en mi opinión, casi la misma cosa… que afirmar, por ejemplo, siguiendo a Buckle, que a través de la civilización la humanidad se vuelve más suave y, en consecuencia, menos sanguinaria y menos apta para la guerra. Lógicamente parece desprenderse de sus argumentos. Pero el hombre tiene tal predilección por los sistemas y las deducciones abstractas que está dispuesto a distorsionar la verdad intencionadamente, está dispuesto a negar la evidencia de sus sentidos sólo para justificar su lógica. Tomo este ejemplo porque es el más evidente. Sólo miren a su alrededor: la sangre se derrama a raudales, y de la manera más alegre, como si fuera champán. Tome todo el siglo XIX en el que vivió Buckle. Toma a Napoleón el Grande y también al actual. Tomad América del Norte, la eterna unión. Tome la farsa de Schleswig-Holstein. . . . ¿Y qué es lo que la civilización ablanda en nosotros? La única ganancia de la civilización para la humanidad es la mayor capacidad de variedad de sensaciones, y absolutamente nada más. Y a través del desarrollo de esta multiplicidad de sensaciones el hombre puede llegar a encontrar placer en el derramamiento de sangre. De hecho, esto ya le ha ocurrido. ¿Se han dado cuenta de que son los caballeros más civilizados los que han sido los más sutiles asesinos, a los que los Attilas y los Stenka Razins no podrían hacer sombra, y si no son tan conspicuos como los Attilas y los Stenka Razins es simplemente porque se encuentran tan a menudo, son tan ordinarios y se han vuelto tan familiares para nosotros. En cualquier caso, la civilización ha hecho a la humanidad, si no más sanguinaria, al menos más vilmente, más repugnantemente sanguinaria. Antiguamente veía la justicia en el derramamiento de sangre y con su conciencia en paz exterminaba a los que consideraba adecuados. Ahora pensamos que el derramamiento de sangre es abominable y, sin embargo, nos dedicamos a esta abominación, y con más energía que nunca. ¿Qué es peor? Decididlo vosotros mismos. Dicen que a Cleopatra (para disculpar un ejemplo de la historia romana) le gustaba clavar alfileres de oro en los pechos de sus esclavas y que obtenía satisfacción de sus gritos y retorcimientos. Diréis que eso fue en los tiempos comparativamente bárbaros; que estos tiempos son también bárbaros, porque también, comparativamente hablando, se clavan alfileres incluso ahora; que aunque el hombre ha aprendido ahora a ver con más claridad que en las épocas bárbaras, todavía está lejos de haber aprendido a actuar como dictarían la razón y la ciencia. Pero, sin embargo, estáis plenamente convencidos de que estará seguro de aprender cuando se deshaga de ciertos viejos malos hábitos, y cuando el sentido común y la ciencia hayan reeducado completamente la naturaleza humana y la hayan orientado en una dirección normal. Estáis seguros de que entonces el hombre dejará de cometer errores intencionados y, por así decirlo, se verá obligado a no querer poner su voluntad en contra de sus intereses normales. Eso no es todo; entonces, decís, la ciencia misma enseñará al hombre (aunque para mí es un lujo superfluo) que nunca ha tenido realmente ningún capricho o voluntad propia, y que él mismo es algo de la naturaleza de una tecla de piano o de la parada de un órgano, y que hay, además, cosas llamadas leyes de la naturaleza; de modo que todo lo que hace no se hace por su voluntad, sino que se hace por sí mismo, por las leyes de la naturaleza. Por lo tanto, sólo tenemos que descubrir estas leyes de la naturaleza, y el hombre ya no tendrá que responder por sus acciones y la vida se volverá extremadamente fácil para él. Todas las acciones humanas serán entonces, por supuesto, tabuladas según estas leyes, matemáticamente, como tablas de logaritmos hasta 108.000, y anotadas en un índice; o, mejor aún, se publicarían ciertas obras edificantes de la naturaleza de los léxicos enciclopédicos, en las que todo estará tan claramente calculado y explicado que no habrá más incidentes ni aventuras en el mundo.
Entonces -todo esto es lo que usted dice- se establecerán nuevas relaciones económicas, todas listas y elaboradas con exactitud matemática, de modo que toda posible pregunta se desvanecerá en un abrir y cerrar de ojos, sencillamente porque se le dará toda posible respuesta. Entonces se construirá el “Palacio de Cristal”. Entonces… De hecho, esos serán días felices. Por supuesto, no hay garantía (este es mi comentario) de que no será, por ejemplo, espantosamente aburrido entonces (porque qué tendrá uno que hacer cuando todo estará calculado y tabulado), pero por otro lado todo será extraordinariamente racional. Por supuesto, el aburrimiento puede llevarte a cualquier cosa. Es que el aburrimiento lo pone a uno a clavar alfileres de oro en la gente, pero todo eso no importaría. Lo malo (este es mi comentario de nuevo) es que me atrevo a decir que la gente estará agradecida por los alfileres de oro entonces. El hombre es estúpido, lo sabes, fenomenalmente estúpido; o más bien no es nada estúpido, pero es tan desagradecido que no podrías encontrar otro como él en toda la creación. A mí, por ejemplo, no me extrañaría lo más mínimo que de repente, a propósito de nada, en medio de la prosperidad general se levantara un caballero de semblante innoble, o más bien reaccionario e irónico, y, poniendo los brazos en alto, nos dijera a todos: “Digo, caballero, ¿no sería mejor dar una patada a todo el espectáculo y dispersar el racionalismo a los vientos, simplemente para mandar estos logaritmos al diablo, y permitirnos vivir una vez más a nuestra dulce y tonta voluntad?” Eso tampoco importaría, pero lo que sí es molesto es que seguro que encontraría adeptos: tal es la naturaleza del hombre. Y todo ello por la razón más insensata, que, se diría, apenas merece la pena mencionar: es decir, que el hombre, en todas partes y en todos los tiempos, sea quien sea, ha preferido actuar como ha elegido y no en absoluto como le dictaban su razón y su ventaja. Y uno puede elegir lo que es contrario a sus propios intereses, y a veces debe hacerlo positivamente (esa es mi idea). La propia elección libre y sin trabas, el propio capricho, por muy salvaje que sea, la propia fantasía, que a veces llega al frenesí, es precisamente esa “ventaja más ventajosa” que hemos pasado por alto, que no entra en ninguna clasificación y contra la que todos los sistemas y teorías se hacen continuamente añicos. ¿Y cómo saben estos sabios que el hombre quiere una elección normal, virtuosa? ¿Qué les ha hecho concebir que el hombre debe querer una elección racionalmente ventajosa? Lo que el hombre quiere es simplemente una elección independiente, cueste lo que cueste esa independencia y lleve a donde lleve. Y elección, por supuesto, sólo el diablo sabe qué elección.
El Anden
