UN LIBRO EN UNA MESA DE SALDOS Y LA GENTE QUE RESBALA SOBRE LA SUPERFICIE DE LA VIDA.

Hacía días, semanas y meses de este 2026, plagado de hechos tan particularmente degradantes de la condición humana, que a las puertas de mi sobrevivencia, tocaban el timbre, la angustia y la desorientación hermanadas en vaya uno a saber que propósito final.

 Se me ocurrió entonces intentar ponerles cerrojo y que se persuadieran erróneamente de mi ausencia, escapando  a Capital Federal  por la venta , para en una suerte de exilio , refugiarme con paso lento en la calle Corrientes.

Siendo esto así, y con la misma actitud de quien se baja del tren en Retiro, buscando porvenir laboral e   implorando suerte, caminé  lentamente por la mañana que pujaba por situarse , advertido que ya no tiene ese “no se que” del que hablaba Horacio Ferrer y asombrado por lo que los que nos dominan endulcoran con expresiones tales como “situación de calle” para aludir a quien no tiene techo ni lugar para pensar al menos un hogar.

En ese andar, casi como si espejaran al que así sobrevive, una mesa con libros apilados estaba tan próxima a la vereda del negocio, que decía a las claras que esos volúmenes ya no eran bien recibidos en estadía en ese comercio, implorando que existieran quienes fueran capaces de hacerlos suyos, como si se tratara de perros adultos  abandonados en sitios municipales de adopción.

Ahí, en ese contexto, un pequeño volumen, casi que advirtiendo en mi viejo rostro marcado de arrugas y mis dificultades visuales , que en algo podía emparentarse conmigo , me condujo a tomarlo y llevarlo , solo por la lectura de la tapa ajada y en particular porque siempre escuche hablar de Barletta , pero nunca había leído nada de él.

Transcurrió ese día, volví a mi ciudad sin lograr el cometido de mi exilio-fuga transitoria  y paradójicamente el libro volvío a otra mesa, la que esta con múltiples funciones en donde vivo. Ahí, quedo nuevamente sumergido en el ollvido del que había intento salir invitándome a retirarlo del negocio que lo expulsaba por viejo y poco deseado.

Quizo la vida, con sus acontecimientos negativos, que me viera forzado a salir del letargo y nuevamente en trajinar , supe que en la mesa , por fuera de lo que buscaba para trabajar estaba Barletta y su Historia de Perros . Le prometí leerlo al regreso y así fue, todo con el condimento de asombro y rescate necesario de lo bello que su contenido me deparó, en una suerte de momento que puedo describir como lo que se siente cuando el agobio cotidiano se detiene y percibimos que la vida nos ha puesto frente a un nuevo amigo.

Sin embargo, la situación también aportó un factor adicional que me puso en protagonismo secundario de la propia historia de este traginado ejemplar de una novela de Barleta. En la primer hoja, esas que a veces  por formato de edición queda solo con el titulo, aparece de puño y letra del autor , escrita con lapicera que determina que el tiempo haga estragos en su nitidez, una leyenda que simplemente transcribo y que por sí sola desmiente a todo aquel que simplemente quiera ver en un libro un objeto y hoy lo desplace por preferencias virtuales. Fuera de la novela y no especificando cuando ni donde , pero con su firma , Barletta dice: “ A Eduardo Sarrabagrouse , a su esposa , homenaje de Leónidas Barletta.

Hay aquí un imperativo categórico para esto que no es ya un ejemplar de una novela sino un mensaje en la botella de un náufrago, que es dar cuenta que en ese derrotero que le ha tocado protagonizar se inscribe un nuevo capítulo que es mi tenencia y su resguardo, sabedor que necesariamente ha de ser transitoria, como lo es mi paso por la vida. En definitiva, aquí quedara bajo la atenta mirada de mi perra Lola que intenta decir, que habiendo oído de mis labios la novela , le hubiera gustado conocer a Fidel.

Barletta  nos deja relatos ambientados en barrios populares donde los perros funcionan como espejo de la vida humana. Historias cargadas de sensibilidad. Retrato no panfletario de la pobreza, la solidaridad, la violencia cotidiana y la ternura en los márgenes de la vulnerabilidad. Los animales  en Barletta no son sólo protagonistas sino símbolos de lealtad y resistencia frente a un entorno duro e injusto, epítomes de la resistencia sin conciencia de serlo, pero sujetos a ellos como si tuvieran un lazo que aceptan conociendo como eludirlo.

Historia de perros es una deliciosa novela en la que Leónidas Barletta nos presenta la vida cotidiana de una familia de cualquier arrabal  obrero de una gran ciudad en tiempo presente al del propio narrador. Dos simpáticos perros callejeros, Fidel y Valentina; ellos  construyen como  si le dieran vida real a un tejido afectivo , con los niños  y sobretodo con la madre , Doña Maria  en lo que terminan siendoverdaderos aguafuertes de la vida cotidiana, de un tiempo que ya no está, en una Argentina que parece ficcional pero de la que se tiene hoy la certeza de su muerte, tal como si fuera una desaparecida más del genocidio que vivió en sus entrañas y se llevó a sus mejores hijos en un parto anticipado con un embarazo que no esta en término.

Leónidas Barletta, fue  uno de los fundadores e inspiradores del llamado grupo de Boedo, propulsor del realismo social en las letras argentinas, corriente artística y literaria que busca representar de forma fiel la vida cotidiana, centrando su atención en las injusticias, la pobreza, la desigualdad y los problemas de la clase trabajadoras . Sus obras son arte, con idéntico material conceptual que el utilizado como herramienta metodológica por Engels con rigor científico en la incipiente sociología,  en La Situación de la clase Obrera en Inglaterra.

 Barleta busco dar cuenta de ese propósito artístico por vía de la novela, el cuento, la poesía, el teatro y el ensayo. Fundó e impulsó el Teatro del Pueblo, y con él toda la escena independiente de su país.. La novela Historia de perros apareció por primera vez en 1950, dando cuento de la base de relaciones social que opero la emergencia y primer desarrollo del Peronismo, y su lectura desde el aquí y ahora permite comprender en alguna meida muchos cómos y porqué de ese régimen tan particularmente argentino, que no encuentra viable y rigurosa ningún tipo de analogía. Pero ese entendimiento facilitado por el relato novelesco es hoy un relato histórico de algo que ya no es, ni volverá a serlo, sin perjuicio de los intentos de farsa que la historia nos pone ante nuestros ojos, con reiteración cíclica.

El relato de  Leónidas Barletta en Historia de perros, está marcado y  atravesado por una mirada crítica sobre la vida cotidiana que apela encontrar y gestar  una sensibilidad en el lector de corte movilizante para su existir ajena a la perplejidad de las amarguras y tristezas que da la  pobreza,  partiendo de lo real sin aditamentos , y para eso objetiva lo necesario valiéndose valiéndose  de la ficción saludable, del protagonismo de los perros, haciendo que  los perros funcionen como reflejo de las emociones, las miserias y los vínculos humanos. Con un estilo directo y profundamente social, Barletta construye un relato que combinan ternura, crudeza y observación de los sectores populares de la sociedad argentina, al que hoy hay que agregarle la nostalgia de su desaparición resultante de un proceso que lejos de corporizar un salto superador se consolida en la eliminación de todo lazo solidario y somete a los trabajadores a una lucha desde la pobreza miserable que también por ser tal, deja atrás los rasgos que nuestro autor destacó en su obra.

Nos queda finalmente la necesidad de dar breve referencia desde Barletta del llamado  Grupo Boedo  en donde se enlistó , para terminar construyendo  una agrupación de escritores y artistas vanguardistas argentinos  que desde  la década de 1920, tomaron para sí, unfuerte compromiso social, e ideológico de la mano del desarrollo en nuestras tierras , del  realismo literario.

No hay que perder de vista que el grupo se consolidó en la década de 1920 en Buenos Aires, un período marcado por profundas transformaciones sociales y políticas:, con impacto de la Revolución de los soviet y el partido bolchevique en octubre de 1917, máxime cuando , nuestra sociedad .venía de vivir situaciones y fenómenos de la lucha de clases que derivaron en la  represión  estatal sangrienta, como la Semana Trágica (1919) y lo que luego tomo el nombre de Patagonia Rebelde (1920-1921).

Quienes como Barletta construyeron y se enrolaron en el grupo Boedo  coincidían en renegar del” arte por el arte” y creían que la literatura debía servir para concientizar y transformar la sociedad con foco en el trabajador .Por eso buscaban retratar la realidad de esa clase con los condimentos propios de su origen  inmigrante, y su existencia real en la pobreza y la opresión propia de la sobrevivencia  urbana.

Lo  que nos queda , buscando añadir un eslabón subjetivo a este hallazgo en librería , azaroso e insinuante para quien conozca la anécdota que narramos al inicio, de otro posible relato necesariamente ficcional con lo que vendrá, sin dejar de preguntarnos, como seremos vistos si se consolida la revolución inversa lanzada desde el poder burgués , en este siglo XXI y si nuestros perros,  podrán protagonizar historias como las que nos dejó Barletta en esta entrañable novela, de la que nos animamos a modo de estímulo a transcribir su primer capítulo, en tanto condensa gran parte de lo que hemos querido decir, rescatándola del olvido implícito en una mesa de saldos de libros usados , con hojas amarillas y ninguna espectacularidad, tan pobre como la  pobreza expuesta , sentida y denunciada con belleza artística por Leonidas Barletta.

HISTORIA DE PERROS

Capítulo I.  FIDEL

     La casa era de madera, pintada de rojo. Un cuadrado de tierra con algunas plantas y después la habitación, con su ventana. Detrás, con materiales diversos se había construido la cocina, pero el pasillo de la galería estaba hecho de mosaico con guardas y debajo de la bomba-sapo había  una tina y una tabla sobre dos ladrillos para no encharcarse los pies .

En los fondos se alzaba el gallinero y parte de su cerco había sido sustituido por un viejo elástico de cama.

En esa casa el destino había congregado a cinco seres que resbalaban sobre la superficie de la vida. Tres eran los hijos: Alberto (a éste costó más trabajo ponerle el nombre), Mario y Pedrito. Este último había sido el más solicitado por la Muerte; al fin, tanto había suplicado la pobre mujer que se lo había dejado, junto con dos arrugas en la frente.

La madre era fuerte y sanota. Pero después que vino el primero la llamaron doña (Y usted sabe, el empacho se cura tirando de la piel de la espalda de la criatura y vine el sarampión y la escarlatina y todos los días la muerte nos acosa para mantenernos vivos.)

Después llegaron los otros y donde más señales deja el tiempo es la piel de las manos.

(Lo más extraño de todo esto s que la madre también  crece, como los niños.)

A él ( al marido, doña María lo nombra “el”) nunca le falta su camisa limpia y a veces fuma durante la noche sentado en la cama porque le duelen las muelas .Pero , con todo, pudo comprar un terreno y levantar una casita de madera. Quería poner un gallito de lata en el techo y valen más que un pileta de tierra romana. Hay que seguir pagando, es cierto; per, después, la casa es de uno.

Y ya están todos dentro y doña María es la única que no deja su casa. Su marido va a trabajar todo el día, sus hijo van a la escuela; pero ella no pasa del portoncito del alambrado. A veces, deja e lavar , se seca las manos, apurada en el delantal,y sale a la puerta, con las narices  estremecidas, como si olisqueara algún suceso en el aire. Si; ella espera siempre que suceda algo. De pronto ( ¡qué sé yo ! ), un personaje extraño  va a venir por el medio  de la calle, con pasos lentos, comoel judío de las colchas, y  va a repartir la felicidad para todos, como reparten las muestras gratis de cacao. O llegará una paloma blanca, o una nube con un gran arco iris (¡Qué ese yo!); pero algo tiene que suceder .

Los días se disuelven en el crepúsculo impreciso y no pasa nada.Y se está solo y el pobre marido está solo, y  llos chicos están solos, por más que no se separen ni un momento. La única forma de encontrarse  es siempre fuera desí mismos en la alta noche, cuando el espíritu  se remonta y los ojos buscan el fulgor de una misma estrella. Y entonces los hijos ya no tienen madre.

Pero los chicos no pueden saber nada de todo esto. Ellos miran sus narices reflejadas dentro del tazón de café con leche y no sospechan  que advienen en un mundo que debía ser nuevo con cada uno que naceque debía ofrecere a cada recién nacido la posibilidad de crearlo todo, en vez de darle a uno lo que han hecho los demás y de obligarle a mirarlo como propio.

Y esa tarde, una tarde en que el humo de las chimeneas de la fábrica quedaba fijo en el espacio , doña María oyó una alegre gritería.

Se limpió las manos en el delantal y salió a la puerta , arrastrando las chancletas.

 Los chicos  estaban en la calle y Alberto llevaba un perrito atado por el cuello con un piolín. El animal trotaba a gusto y cada trecho se detenía, con una pata en el aire y miraba a un lado y a otro sin comprender probablemene la causa de tanto alboroto.

-Mama -grito Alberto ( dijo mama no mamá ¿Y qué? Es mejor que digan mama y no mamá).

-Mama, mirálo; lo encontramos en el potrero .

Los chicos quedaron pendientes de la respuesta y hasta el perro pareció comprender la importancia decisiva de ese momento, levantan unos ojos suplicantes hacia la mujer. Pero doña María no hizo esperar mcho su juicio . La contestación en esos casos es siempre la misma :

Yo no quiero perros en mi casa- dijo aparanteando enojo-; bastante tengo que limpiar todo el día. Un anmal que no se sabe ni de dónde viene…

Ahora hablabapara la vecina, que sonreía lángkuidamente, cruada de brazos recostada en el poste de la uerta de alambre, que daba al jardincito  de la casa.

¡Claro , no se sabe cómo hacer. Uno quisiera congtar todo . Es tan agradable para los que se acostumbran a los cuentos, Porque la vereda es de cascotes, piedras, ladrillos, un poco de todo y el alambrado casi siempre está cubierto por una enredadera sufrida y a pesar de los perros, las gallinas , los cabalos sueltos, alguna oveja, las vacas del lechero don Gaitán , que hacen sonar el cencerro a cada mordisco, viene la primavera y da flores, se cubre de campanillas azules , moradas. ¡Que lección!

Doña María todavía no ha mirado hacia su vecina, pero habla para ella. Habla sin convicción, levantando el tono para que se crea que lo que dice es terminante. Pero nadiele cree. Pedrito, mirándola en los ojos, dice:

Mama , es mansito.

Yo no quiero perros, he dicho- grita-. Tengo  tres bocas para llenar y con lo que tu padre me deja, no puedo hacer milagros.

(Por supuesto, esto es lo que debe decirse en esos casos)

El perrito se le acercó, sacudiendo la cola. Doña María  lo rechazó , agitando el delantal.

Fuera  No faltaba más . Cualquier animal que encuentran en la calle , lo traen a casa. Como si la casa fuera un chiquero.

-Nos seguía desde el puente, mama-prorrumpió Mario.

-A mi no me importa -replicó doña María. Y dando vuelta la cabeza, se encaró al fin con la vecina-¿Se da cuenta , doña Matilde? Un perro que encontraron en el potrero, un perro vagabundo, ¡Quién sabe de donde viene¡ ¿Para qué lo quiero? ¿Paara andar corriendo detrás de él todo el santo día=? No, no , yo no quiero perros en mi casa, Mi hermana, que es loca por los animales tenía uno que era una maravilla. Bueno; ése no era un perro, era igual que una persona, solo le faltaba hablar. Iba a buscar al marido a la estación y una vez que él le quiso levantar la mano a ella, porque es algo mano larga, le enseño los colmillos.

La vecina pareció animarse un poco, adelanto un pie y dijo:

Yo tenía una… Pero los chicos no la dejaron continuar: Mama lo dejás entar=? Sí o no?

  • He dicho que no ….

Los chicos empezaban a impacientarse. Pensaaban Mamá esta bien, mamá ya has dejado a salvo la autoridad. Dejanos entrar para que podamos soltarlo y darle agua. ¿NO ves que quiere quedarse con nosotros? (Como se ve hay una forma de pensar, con palabras sin sonido que es tan fina y elegante como la misma forma literaria)

-Alberto insistió:

Andaba perdido… pobre; si llueve, de noche….

-He dicho que no y basta.

Los tres hermanos se entendieron con una mirada y tirando del perrito, seguidos por los otros muchachos, se dirigieron hacia la esquina.

-Adónde van ahora?- tronó doña María , exasperada.

– a soltarlo al potrero…..- gritó Alberto.

Doña María levantó los brazos en un gesto de desesperación.

-¡Cómo van a soltar a ese pobre perro en el potrero¡ Malvados. Se da cuenta doña Matilde. Traigan ese animal adentro. Pronto. Debe estar muerto de hambre. Llévenlo al fondo, hasta que lllegue Pedro.

Los chicos volvieron a mirarse sonriendo y entraron., Doña María todavía tuvo tiempo de decir, gesticulando:

Que chicos estos, son capaces de hacerla enloquecer a una.

Y entró  en su csa detrás de sus hijos. Si; había un arbusto de cedrón junto a la ventana y cuando el viento soplaba contra las persianas, como una  boca sopla en los agujeros de  una armónica, entraba en la pieza una musical fragancia.

Doña María hubiera querido tener una hija. Una mujercita  es más compañía. Porque hay cosas de las que es inútil hablar con los varones. Pero el destino quiso que fueran tres muchachos .

Era un perrito flaco de pelo blanco con manchas de color canela. Su mirada era humana y su hocico sensible. No demostraba temor y miraba a los chicos como si se hubiera  criado con ellos. Y ahí estaban los cuatro mirándolo como se mira el brote de una rama, con miradas que son un poco para  el recióen nacido .

Todo esto iba a ser ahora trastornado por la presencia de un ser extraño. El perro estaba allí sentado sobre sus patas traseras , tranquilo y los cuatro sabían que los habitantes de la casa iban a estar sobresaltados  hasta que entendiern que él quería compartir sus vidas y que se iba a quedar allí, quieras que no, volviendo por supuesto, cuando todos durmiesen , si lo echaban.

Sin embargo, Doña María dijo:

Habrá que ver si “el” lo deja ….Entonces chirrió la puerta del alambrado y entró el padre de los niños. Los chicos se alinearon junto a la madre y aguardaron la acometida. Sucedió, luego una cosa increíble. El hombre recorrió el pasillo lentamente, se detuvo frente al grupo, echó una mirada tranquila al perro, se quitó el saaco y se sentó con un resuello , en el viejo sillón de mimbre. Nadie dijo una palabra. Y antes de que alguien pudiera pronunciarla el perrito  se acercó a los pies del hombre, se echó en el suelo, todo a lo largo y apoyó su hocico húmedo en uno de sus botines.

       Los chicos instintivamente se apretaron alrededor de la madre. Pero el hombre se inclinó suavemente y con su mano tosca le rascó la cabeza.

       El perro dejó oír un gruñido gozoso.

       Uno no acaba nunca de entender a la gente.Lo que correspondía al padre, según todas las leyes que rigen los actos de estos hombres, era darle una patada por atrevido. Y él , en cambio, lo había acariciado como no lo había hecho nunca con ninguno de sus hijos.

        Los tres muchachos estaban tan contentos como si hubiesen recibido ellos una muestra de afecto. Se sentían más cercadel padre, cuya hosquedad nohabían podido disolver ni cuando todos rodeaban silenciosamente la cama de Pedrito consumido por la fiebre, ni cuando él  vino del trabajo con un brazo fuera de la manga del saco, envuelto en una venda ensangrentada y todos se pusieron a llorar.

–Qué nombre le  pones papá preguntó de pronto Pedrito, que sabía usar su debilidad como una fuerza.

-El padre inclinó la cabeza para mirar al perro  que dormitaba con absoluta confianza y dijo con pesada sensatez:

-Tendría que llamarse Fidel

Entonces Mario corrió hasta la entrada del corredor y gritó tres veces para probarlo: Fidel, Fidel, Fidel.

Y Fidel se enderezón con un ladrido pueril y a saltos grotescos se acercó al chico y alzándose sobre sus patas, jadeando, trataba de alcanzar a lameterle la cas.

Así fue como la familia sintió asombro de no haberse dado cuenta antes de que para ser todos más felices, a la casa le faltaba un perro.

Colaboración de Daniel Papalardo para El andén

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