
El refrán contenido en el título de este artículo, según la instalación que de él hacen las mayorías, quiere decirnos, en su sentido más estricto y literal, que por la noche, ante la falta de luz y claridad de visión, se hace más difícil distinguir los detalles de las cosas y las personas y su empleo viene al caso, como invitación a la reflexión respecto de las conductas y discursos de los voceros del FITU, en la semana en curso.
En ese sentido, y de modo paradigmático, se ha podido escuchar lo siguiente:
“Hoy nos llegan desde Europa aires del Mayo Francés. Los estudiantes secundarios de Francia tienen la valentía que no tienen ni la dirigencia política ni sindical de este país. Están peleando, diciendo claramente que mientras se arman para la guerra, desarman el futuro de los pibes y de las pibas. Ese es nuestro ejemplo”.
Estas palabras corresponden a la diputada nacional Myriam Bregman, durante la sesión en minoría del jueves pasado, en la que reivindicó también las protestas en España y dijo que “esa es la perspectiva que tenemos que imitar acá, la perspectiva de la huelga general, parar el país de punta a punta con enormes movilizaciones en todas las ciudades. Porque si no, no los vamos a convencer a todos estos con discursitos cuando ya se llenaron el bolsillito”.
Myriam Bregman reivindicó así, las movilizaciones estudiantiles en Europa e instó a replicar las protestas en Argentina bajo la consigna de emular el «Mayo Francés». La dirigente sostuvo que la juventud debe organizarse en cada institución para defender el presupuesto educativo.
En aquella época, el filósofo Herbert Marcuse era considerado el «gurú» intelectual de la Nueva Izquierda y de la juventud rebelde europea (las famosas «Tres Emes»: Marx, Mao y Marcuse). Marcuse argumentaba, como hoy lo hacen los burócratas de aparato contenidos en los partidos de la cooperativa electoral FITU, que el sujeto revolucionario ya no era necesariamente la clase obrera tradicional, sino los estudiantes y los sectores marginados, todos comprendidos en la abstracción designada como “nueva clase trabajadora”.
Desde la historia de la lucha de clases, Mao Zedong se permite replicarle, más allá del transcurso del tiempo y de que los fenómenos no admiten paralelos mecanicistas por vía de analogías mal construidas desde el discurso de la abogada que “jamás es moderada”, de la siguiente manera, que sí tiene a la experiencia de los trabajadores como testigos finales de lo sucedido , que: «Los estudiantes europeos leen demasiado a Marcuse y muy poco a Marx. Tienen entusiasmo, pero no tienen un partido de vanguardia, ni disciplina, ni un ejército. No se puede hacer una revolución con discursos y canciones»

En este sentido viene al caso tener presente también que para León Trotsky, el oportunismo consiste en sacrificar los intereses históricos, a largo plazo y de principio de la clase obrera en aras de ventajas momentáneas, adaptaciones a la burguesía o conveniencias electorales y burocráticas del presente Por lo que no cabe otra afirmación necesaria que advertir en la propaganda socialista hacia la construcción de la vanguardia de la clase trabajadora, que este tipo de acciones de la izquierda republicana actualente existente en nuestra sociedad, no puede otra cosa que encuadrarse en esa caracterización.
El oportunista adapta la política del proletariado a los límites del régimen capitalista o de los gobiernos de turno, abandonando la independencia de clase. El pensamiento y las acciones políticas de corte oportunista ,toma un solo factor de la compleja realidad social, lo aisla y lo sobredimensiona para justificar su propia inacción en plano local o sus pactos con el enemigo de clase por los que , en lugar de luchar por el derrocamiento del capitalismo e instalar el poder obrero bajo la forma de dictadura del proletariado busca reformas superficiales o pacta con sectores reformistas y estalinistas para no «romper el orden social existente donde insiste en ocupar el lado izquierdo de la república democrática burguesa, donde el pueblo no delibera ni gobierna, sino por sus representantes previamente elegidos por medio del sufragio.
Las revueltas estudiantiles europeas de la actualidad, si se toma por cierta la referencia que hace la abogada Bregman, deben ser vistas con simpatía, en particular porque esa simpatía se hace respecto de un movimiento y no de una candidata como ella, pero también hay que apreciarlas con el necesario recelo debido a su falta de organización, dirección, programa teórico práctico y falta de propósito estratégico fijado en la emancipación de los trabajadores por los trabajadores mismos.
En ese sentido, el mero entusiasmo juvenil o intelectual era y es ineficaz para derrocar al capitalismo si no está dirigido por un partido de vanguardia disciplinado y respaldado por una fuerza organizada desde el programa socialista por la construcción de una nueva sociedad superadora de las relaciones de explotación y opresión que hoy presiden nuestra existencia
Daniel Papalardo Colaboración para El Anden
