En el orden social capitalista, el sistema carcelario tiene una función esencial para facilitar la reproducción social capital, en tanto el poder burgués real es consciente de que su existencia tiene una función neutralizador , no como sistema de prevención de los llamados delitos sino para habilitar institucionalmente el castigo y el encierro haciendo de un espacio de población económica sobrante un depósito humano invisibilizado por el resto e insuflando a ese mismo resto la construcción de un sentido común por el cual esa población encerrada es la responsable de una existencia insegura .-
Por estos días, en el curso de este més de setiembre, el gobernador de Santa Fe dejó ver con sus actividades e iniciativas políticas, cuanto monitorea el escenario social y de que manera vislumbra la crisis que los demás niegan y como hace la defensa civil cuando se avanza ante la advertencia meteorológica de una catástrofe climática , preparando desagües, alistando bomberos y puestos sanitarios, ensayando comportamientos ante la eventual emergencia, el gobierno de esa provincia avanza en la creación de depósitos humanos, y bajo el lema “la policía en la calle y los penitenciarios en las cárceles” aventura y exhibe que la represión ha de ser profundizada, las garantías individuales consideradas como bobadas si se la mira desde el paradigma de la seguridad , para lo cual tiene un plan estratégico y en ese contexto se envalentona diciendo que “es feliz inaugurando cárceles”.
Las garantías individuales fueron siempre consideradas bobadas por los regímenes autoritarios y si bien en forma constante le cuesta a la militancia socialista hablar de dictadura de clase cuando se refiere a la democracia como forma de gobierno, ha facilitando enormemente esa labor, si se hace la propaganda necesaria para así llevar el mensaje, ya que lo que ha hecho es exhibir el rostro de ese régimen político y con ello el contenido violento y de monopolio de la fuerza que se reivindica como faceta más de la propiedad y de quienes la ostentan en forma privada
Pero lo central es la reivindicación del instrumento carcelario y el empoderamiento al servicio penitenciario dentro de las agencias represivas , como única herramienta institucional posible frente a lo que se considera en términos generales, “inseguridad.
Si nos limitamos a describir el ejercicio normalizado de la pena privativa de la libertad contemporánea en establecimiento carcelario tal como se presenta en el plano de las apariencias y hacemos esa observación sensible munidos de prejuicios y antejuicios construidos en abstracto con formas jurídicas y políticas emergente del plano de las ideas , esa situación como mínimo significa avalar por acción u omisión la repetición en contextos de encierro día tras día de una rutina, en la que el individuo se ve sistemáticamente imposibilitado de ejercer todo tipo de actividad colectiva que lo integre con el otro evitando así que pueda construir subjetividad .
En el mismo plano y siempre en contexto generalizado hay que decir que toda persona persona sin libertad, sometida a ordenes, direccionamientos externos, y disciplinamientos rutinarios impuestos por el poder carcelario , está sometido a regímenes progresivos en los cuales la lógica de premios y castigos le condiciona finalmente y en el mismo momento , determina cada uno de los movimientos que ha de realizar, en un marco donde está obligado a recitar hasta el hartazgo frente a eventuales psicólogos, asistentes sociales, médicos o agentes de alguna fuerza de seguridad lo trascendente que resulta para la condición humana ese siniestro proceso de transformación física, moral y espiritual llamado vulgarmente “resocialización” en el que se constituye sin idea mediadora y en el plano absoluto de la realidad “la cárcel”.
En gran parte , en nuestra sociedad , los sectores medios y amplias mayorías dentro de las masas trabajadores son consumidores habituales de la política criminal que monta el Estado y con ello dan consenso a premisas de sentido común instaladas cotidianamente desde la exterioridad del poder punitivo tales como la aceptación de cualquier vejación por vía de la afirmación dogmática “que se pudran en la cárcel “ o la más próxima a lemas de la dictadura militar genocida como “algo habrán hecho o por algo están ahí”, coronada con el “que pretenden estos tipos, vivir en un hotel cinco estrellas. Sin dudas, porque todo eso tiene consenso, tiene público adherente y en definitiva tiene votos , es que el gobernador es feliz abriendo cárceles.
El paulatino aniquilamiento carcelario a escondidas, paso a paso, en silencio, con la bendición de la doctrina internacional que sostiene como fundamento de la privación de libertad la posibilidad de reconstrucción del sujeto peligroso que ha delinquido , inserta en la Constitución Nacional Argentina que deviene necesariamente en falacia resocializadora , es el escenario material de un crimen cotidiano auspiciado por el poder, que por esa forma da contención a las consecuencias de sus políticas y las relaciones sociales de producción absorbe de la sociedad gran cantidad de la fuerza de trabajo que no encuentra encuadre en el mercado laboral .
La propaganda marxista militante desde la vanguardia identificada como clase trabajadora necesita hacerse de un posicionamiento programático que defina la cuestión penal como un problema político integrado a la lucha de claes, y en ese contexto propagar de la manera más clara y paciente , que la cárcel es un instrumento de control social del orden social capitalista. Es básicamente un sitio específico. Un lugar poblado por hombres y mujeres que representen cierto peligro para la continuidad o devenir monopólico de ese modo de producción.
El encierro carcelario del siglo XXI, no es mejor ni más humana que el patíbulo precapitalista, sino un mero refinamiento de la administración del castigo en manos de la clase dominante sobre los vulnerables sociales que genera la sociedad marcada por la producción generalizada de mercancías y la prevalencia de la ley del valor.
La cárcel esta pensada y construida en la función estatal de la persecución sistemática de personas a las que se considera como enemigos latentes y manifiestos del statu quo , en gran medida por el lugar que ocupan en la sociedad y la construcción a posteriori de discursos legitimantes de ese proceder que culmina en la actualidad con el realismo de las formulaciones neoliberales del capital, centradas lisa y llanamente en el ocultamiento del sujeto y la función meramente retributiva de la imposición de pena, dentro de la fórmula de devolución encubierta que implica la aplicación de un tiempo de encierro carcelario y perdida de toda subjetividad proporcional al daño producido.
No debe perderse de vista, además, que la cárcel como institución que produce un daño determinado sobre una persona en particular, se despliega en esa misma acción sobre otras personas del entorno del perseguido, ajenas al fenómeno social que motivó la aplicación de una condena privativa de libertad , quienes reciben un trato de análoga naturaleza al que se le proporciona al interno, marcado fundamentalmente por la violencia física y coactiva.
Esto como se ha visto esta semana en Recreo (pcia.de Sta Fe) hace que se deba denunciar y alertar a la masa trabajadora de los efectos expandidos que tiene la aplicación de pena sobre otros distintos del penado y explicar que es también allí , en donde el sistema, como herramienta estatal productora de acciones socialmente negativas, desborda sus dispositivos, en este caso, con alcance directo a familiares y allegados de los internos. La realidad exhibe un dispositivo guerrero-defensivo, ejecutado por quienes tienen a su cargo la gestión institucional, para hacer que toda la estructura carcelaria opere en un solo sentido, como un régimen despótico que funcione únicamente bajo el temor.
Por lo demás si reparamos en el fenómeno social carcelario en términos más amplios, también es constatable que la optimización a través de diversos medios del control social, y su sistema de coerción revestido de consenso, le permite al capitalismo, aun frente a la agudización de sus contradicciones, continuar con su lógica reproductiva y neutralizar con represión a la lucha de la clase trabajadora, cuando logra alcanzar una praxis revolucionaria para enfrentarlo. Es en ese plano de la lucha de clases que la cárcel resignifica su naturaleza de instrumento represivo, extendiéndose como herramienta para el castigo punitivo de la protesta social que encarnan explotados y oprimidos.
Lo que se hace por el poder burgués, cualquiera fuera el político de turno y el sitio del territorio nacional donde se lo requiera ,es habilitar el dispositivo segmentador, discrecional y arbitrario de las herramientas normativas que implica la represión dentro de las cuales hay que ubicar toda la institucionalidad que se mueve detrás del visible edificio carcelario.
Hay que advertir finalmente que , en este entramado represivo que monta el poder burgués, el Derecho penal, ocupa el primer lugar, a través de seleccionar políticamente comportamientos que puedan resultar hostiles a la clase dominante y extender de manera abstracta esa “hostilidad” a toda la sociedad constituyéndolos ideológicamente en la categoría de “bienes que merecen protección “amenazando que su realización implica para quien la materialice pena privativa de libertad. Todo esto es lo que describe la figura conceptual del “Delito” que siendo una forma abstracta , adquiere presencia real cuando se la utiliza para justificar el fenómeno del castigo y la conversión de las personas en objeto de castigo.
Ese discurso normativo habilita la presencia institucional de las agencias represivas del poder ejecutivo y la organicidad funcional e intelectual de todo el aparato judicial, cualquiera fuese la forma que en concreto asuma ese proceder, también normatizado y por ende legitimado por sus formas.
De la actuación, de todo ese dispositivo, emerge la relación punitiva concreta que se define por la concreción de la amenaza inserta en la norma penal por vía de la definición de lo que se considera delito y el encierro carcelario del sujeto al que se vincula con dicho hacer, por vía de la imposición judicial de una pena.
Por eso entendemos que esta realidad concatenada de acciones que remiten en todos los casos a manifestaciones del poder burgués dominante, obliga a la militancia a poner en su práctica cotidiana lo mejor de sí, rescatando una reconsideración crítica de la importancia del factor subjetivo, que dé por tierra con la premisa que erróneamente supone ver en la clase trabajadora como la portadora espontanea del ser revolucionario únicamente posicionada frente a conflictos económicos derivados de manera inmediata, de la relación capital-trabajo.
La subjetividad es una construcción que se forma a partir de la interacción cotidiana con el medio, en la interrelación con los otros. Solo en ese encuentro y en ese camino de acción práctica podemos hablar de una subjetividad que se desarrolla en el medio social, y no en el mundo privado de personas anónimas.
A esta última tendencia mecanicista, la enfrentamos con la necesidad por definir una directriz de educación revolucionaria, como herramienta central en la conformación del hombre nuevo, miembro de una sociedad con valores y formas de relaciones sociales íntegras.
Por eso, y en oposición a lo que se sostiene desde el sentido común, mediáticamente construido, afirmamos que los trabajadores están habilitados para el desarrollo de una nuevo proyecto liberador, a pesar del cautiverio y el desgaste que imponen la actuales condiciones de fragmentación de los lazos sociales, que implican una situación objetiva de coordinada entre los sistemas punitivos y las fuerzas represivas que normativizan esa injusticia material, por medio de su legalidad para ejercer el monopolio de su violencia represiva.
Dicho en otros términos, pensamos y afirmamos que este proceso de re significación subjetiva– al amparo de las condiciones objetivas del agotamiento del modelo capitalista– tiene dialécticamente la potencialidad de poner a la clase trabajadora y al conjunto de los socialmente oprimidos, en una nueva época signada por la opción que se ubica entre la realización plena de los hombres o su vaciamiento, en tanto existe el riesgo de tomar caminos que conduzcan a la dispersión y esterilidad de las ideas, la apatía moral, o la inercia práctica, absolutamente codificadora de la individualidad del ser humano.
