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Acercándonos a Selva Almada en No es un río…

Leer a Selva me sacó el aire, sentí sed y se me secó la piel. Ya desde las primeras páginas, ese viento poderoso me llevó a lugares donde estuve… donde intenté no volver, donde hoy elijo estar desde la memoria. Almada tiene la virtud de permitirnos ser nostálgicos sin culpa.

En la literatura de Selva Almada la identidad del paisaje es muy fuerte. Hay una virtud casi borgiana en su obra: la de quien, desde una escritura profundamente culta, también supo dar identidad y protagonismo a los entornos hasta convertirlos en el centro de todo. Almada comparte ese don de despojar al territorio de su rol pasivo, pero lo hace con una prosa cruda, directa y llana, donde el paisaje se vuelve el protagonista. Es una fuerza tan omnipresente que rompe la distancia del papel y se transforma en una experiencia física.

Selva… tan contundente como su palabra escrita. La grandeza de un mundo inabarcable… lleno de seres tan reales que duele, que se ahogan tanto en la humedad como encima o en el viento seco. Selva Almada te golpea… te da una piña en la cara. Se planta y te dice: “acá estoy yo”. Y te pregunta: “¿dónde estás vos?”.

No se la puede leer desde un lugar neutral.A los 50 años, muchas escritoras me marcaron como lectora amateur.

Selva es una voz contemporánea y argentina que debe… TIENE que ser escuchada. Selva no podría llamarse de otro modo y agradezco a la vida ser contemporánea de tremenda escritora. Yo que viví admirando muertos… a todos aquellos que lean esto, háganme caso: lean a Almada.

Maricel Palais, en colaboración para El Anden.

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